LA FIERA ALVES DE LA BANDA DERECHA

A Daniel Alves le conocían todos como rival. Un incordio constante por la banda derecha, un jugador capaz de subir una y otra vez, con una velocidad y una movilidad desconcertantes. Con el Sevilla ya hizo mucho daño al Barça, sobre todo en el Ramón Sánchez Pizjuán y en aquella Supercopa de Mónaco en agosto de 2006 que marcó el principio del fin de la ‘era Rijkaard’. Pero ahora que lo tienen como compañero, en el vestuario del Barça alucinan todavía más con el brasileño.

Cuentan algunos jugadores del vestuario azulgrana que para Alves una jugada no se acaba nunca, por lo menos hasta que la pelota esté fuera del campo. Lo que más sorprende es su capacidad de reacción. Si pierde un balón, se revuelve como un poseso hasta recuperarlo. No da respiro a nadie ni en los entrenamientos. Parece una máquina incansable que golpea una y otra vez. Si alguien logra driblarle, antes de pensar lo tiene otra vez encima. Y donde otros aflojan un segundo tras un sprint largo, algo lógico como humanos, Alves encadena con otra carrera a tope.

Su privilegiado físico no es casual. El nuevo lateral derecho barcelonista cuida de su pequeño pero fibradísimo cuerpo con disciplina y profesionalidad. Sus estiramientos al final de los entrenamientos para evitar lesiones parecen los de un gimnasta o los de un contorsionista. Es un hombre de goma.

Luce en un tobillo un tatuaje del gato Silvestre y del pollo Piolín y realmente parece tener en el campo los reflejos del primero y la picardía del segundo. Fuera del césped presume de ser un hombre tranquilo y familiar, incluso tímido, pero cuando comienza un partido se transforma en una fiera

~ por draudesc en 12 Agosto 2008.

Escribe un comentario